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Crónica canonización

CRÓNICA DE UN TRABAJO DE TALLER

 

 

La Carta Decretal de Canonización de nuestra fundadora, documento oficial del Vaticano firmado por el papa, pone punto final a su causa de canonización. En este momento resuenan proféticas las palabras de Socorro Hernández:

 

“Esto [la santidad de Bonifacia] es lo que nos hace confiar que Dios algún día manifieste lo grata que le fue esta su abnegada sierva” (Cuaderno, 52).

 

El día que vislumbró Socorro es el que estamos viviendo. Llegar hasta él ha sido fruto de muchos años de trabajo e ilusionada dedicación de las Siervas de san José. Fruto, sobre todo, de mucho, mucho cariño a nuestra fundadora, de la certeza compartida en su extraordinaria fidelidad al evangelio y de gran fe y confianza en que Dios llevaría a buen término la obra.

 

 

Al terminar este trabajo…

(Francisco Butinyà)

 

La canonización de Bonifacia ha sido un verdadero trabajo de taller de las Siervas de san José. Es como un gran tapiz en el que todas hemos dado puntadas, Socorro Hernández las primeras, después, pasado el tiempo, cada una las que ha podido. Por eso todas la sentimos nuestra. Por eso unimos hoy nuestras voces para dar gracias a Dios desde lo más profundo del corazón.

 

Espontáneamente nos brota la oración que Francisco Butinyà, nuestro fundador, nos enseñó para acabar el trabajo, esa oración que rezaban Bonifacia y Socorro en Zamora al caer el día, la que durante tanto tiempo hemos rezado nosotras también al finalizar la tarde:

 

Jesús, María y José:

Al terminar este trabajo os bendecimos de nuevo

por todas las gracias que nos habéis concedido

y, sobre todo, por habernos reunido aquí para serviros santamente…

¿Qué os diremos, pobres siervas de tan excelso patriarca?

Aunque hubiéramos trabajado cumpliendo en todo vuestro agrado

deberíamos confesar que somos siervas sin provecho

porque de vosotros desciende todo el bien que tenemos…

 

Vamos a dejar que nuestro corazón agradecido recuerde los principales momentos que han hecho posible la manifestación del papa Benedicto XVI de lo grata que le fue a Dios esta su abnegada sierva.

 

 

 

8 de junio de 1954.

Después de dos años de preparación, en la parroquia de san Juan de Puerta Nueva de Zamora se celebra la apertura de la investigación diocesana de la causa de canonización de nuestra fundadora. Comienzo tardío, muy tardío. Vivamente deseado por las Siervas de san José que conocían la verdadera historia tejida en torno a Bonifacia, pero que dejaba indiferentes, o incluso contrariadas, a las que solamente sabían la versión de Salamanca.

 

La superiora general, Loreto Parrado, nos dio la noticia a las entonces novicias de Salamanca visiblemente emocionada.

 

Evangelina Polo, consejera y secretaria general, responsable de la causa de canonización, escribe en la Crónica de la Congregación:

 

“Para ese día tenía el Señor reservado a las Siervas de san José el mayor consuelo, sin duda desde la fundación del Instituto”.

 

En los seis años que dura la investigación diocesana, Loreto Parrado y Evangelina Polo son conscientes de los numerosos errores que el tribunal estaba cometiendo, sin poderlos evitar. Llegadas las Actas a Roma, el proceso permanece estacionario, sin obtener el decreto de validez, debido a las irregularidades cometidas en la instrucción.

 

 

3 de octubre de 1997.

Con la entrega de la Positio sobre la vida, virtudes y fama de santidad de Bonifacia Rodríguez de Castro se desbloquea, al cabo de 43 años, un proceso diocesano con notables deficiencias jurídicas.

 

Atrás quedaban muchos años de trabajos y desvelos de Evangelina Polo y sus colaboradoras.

Atrás el gesto responsable de Consolación Díez, que en 1973 pide a un experto el estudio de la causa, lo que permite su continuación.

Atrás los años de trabajo ilusionado de Adela de Cáceres que dan como fruto el comienzo de la Positio, y en 1981 la entrañable y preciosa biografía Encina y piedra, que señala una nueva etapa en el conocimiento de nuestra fundadora.

Atrás los años de dedicación exclusiva de Carmen Enríquez desde 1987, de Victoria López desde 1991 y la valiosa colaboración de Encarna Gómez con las dos en ese tiempo. Años de investigación seria y rigurosa en busca de los hechos históricos, sin perdonar sacrificios ni riesgos. Sorpresas y descubrimientos que alentaban los cansancios en momentos oscuros. Seguridad creciente en la santidad de Bonifacia. Cariño agradecido por su admirable respuesta evangélica, tesoro escondido por el que merecía la pena darlo todo para que la Congregación la pudiese disfrutar… Dificultades, alegrías, esperanzas, paciencia.

 

Aprobada la Positio por los consultores históricos el 26 de enero de 1999, la superiora general María Josefa Somoza solicita a la Congregación de los santos el cambio de orden de la Positio de virtudes de Isabel Méndez -preparada diligentemente por Esperanza Pérez, entregada por ella en 1992 y a punto de pasar al estudio de los teólogos- por la de nuestra fundadora. El cambio se concede y, en lugar de ponerse la Positio de Bonifacia a la larga cola de los 280 puestos que le precedían, pasa de inmediato al Congreso de consultores teólogos el 17 de marzo de 2000, ahorrándose así la espera de unos 13 o 15 años, o incluso más. Tres meses después, el 20 de junio, pasa a la Ordinaria de cardenales y obispos de la Congregación de los santos.

 

A partir de este momento todo comienza a ser muy rápido. Si la causa de canonización de nuestra fundadora es lenta y muy lenta en los primeros años, en los últimos se hace rápida y muy rápida.

 

 

… os bendecimos de nuevo…

 

1 de julio de 2000.

Y llega el momento esperado del reconocimiento por parte de la Iglesia de “lo grata que le fue a Dios esta su abnegada sierva”. Era solamente un primer paso. Lo da el papa Juan Pablo II en la sala Clementina del Palacio Apostólico del Vaticano el mismo día que 99 años antes León XIII había aprobado la Congregación y las Constituciones dejando fuera la casa de Zamora… Nuestra alegría era inmensa al ver reconocida como venerable a Bonifacia el mismo 1 de julio en que había sido olvidada y rechazada… Aquel día no podíamos sospechar lo que muy pronto íbamos a vivir.

 

 

… por todas las gracias

que nos habéis concedido.

 

9 de noviembre de 2003.

Reconocida unánimemente como inexplicable por la Consulta Médica la curación de Esteban Vega el miércoles 19 de junio de 2002, es aceptada como milagrosa por los teólogos el 12 de noviembre y confirmada por los cardenales y obispos de la Congregación de los santos el 10 de diciembre del mismo año. Muy pocos días después, el 20 de diciembre, Juan Pablo II otorgaba el decreto de milagro que abría las puertas a la beatificación.

 

Y el 9 de noviembre del siguiente año Juan Pablo II beatifica en la Plaza de san Pedro a Bonifacia. Nos parecía soñar. Nunca hubiéramos pensado llegar en tan poco tiempo a la beatificación. Seis años desde la entrega de la Positio es un espacio de tiempo verdaderamente record, inusual en una causa de canonización que seguía los pasos ordinarios, como la nuestra. Creíamos que no volveríamos a vivir un día tan feliz.

 

Pero Dios es más grande que nuestro corazón y tenía reservado para nuestra fundadora y sus hijas otro día todavía mayor. Como si tuviera prisa de que su abnegada sierva llegara pronto a la victoria final, tiene lugar antes de la beatificación otro milagro que hará posible la canonización. Las normas de la Congregación de los santos prevén que, de modo ordinario, el milagro para la canonización ocurra después de la ceremonia de beatificación, por eso es necesaria la dispensa del papa para casos como el nuestro.

 

 

… deberíamos confesar que somos siervas sin provecho…

 

9 de junio de 2003

Un mes después de la beatificación nos llega la noticia de una curación sorprendente ocurrida en Kayeye (República Democrática del Congo), atribuida a la intercesión de nuestra fundadora. Un relato del médico de cabecera nos pone en la pista de un caso realmente interesante. Había ocurrido el 9 de junio anterior. Se trataba de la curación del joven congoleño Kasongo Bavon, al que todos daban por muerto.

 

Estábamos a medidos de diciembre. A pesar de que en junio de 2004 teníamos en Salamanca la apertura del I Centenario de la muerte de Bonifacia, desde el primer momento fui recogiendo testimonios de hermanas destinadas en el Congo que pasaban por Madrid. Los completé pidiendo a Emilia Martínez, entonces Delegada del Congo, el del propio enfermo y su cuñado y las cartelas clínicas del Hospital. Con esta documentación, una vez pasado el Centenario, en otoño de 2005, Eulalia Ramírez y yo fuimos a ver al postulador de los combonianos, pues la curación para la canonización del Comboni tenía rasgos parecidos a la de Kasongo Bavon y me interesaba conocerla de cerca.

 

 

… porque de vosotros desciende todo el bien que tenemos.

 

Sin nosotras saberlo, nos estaba acompañando la amorosa providencia de Dios, que tantas veces le salió al paso a Bonifacia... Le seguía saliendo a través de sus hijas.

 

Providencial fue que Matilde Fernández le pidiese al Dr. Patrick, en seguida de la curación de Bavon, el relato que nos puso en la pista de un caso inexplicable.

Providencial el interés de Arnaldo Baritussio de que el caso fuera conocido por una misionera comboniana, médico, con 16 años de experiencia en países africanos.

Providencial el buen informe de María Martinelli, considerando inexplicable la curación.

Providencial que el encargado del Vaticano me encaminase al Doctor Nicotra para pedirle, como médico de la Consulta Médica, el voto previo, paso que se aconseja a los postuladores para ver si el caso tiene fundamento.

Providencial que María Martinelli me acompañase cuando iba a ver a Nicotra. Su conocimiento de enfermedades de África hizo que Nicotra tomase interés por el caso y lo estudiase a fondo, leyendo literatura médica antigua. Cayó así en la cuenta de que Bavon padecía una enfermedad hoy desaparecida en países desarrollados, pero fatal hace 50 o 100 años: todos morían. Sin embargo, él se había curado en un lugar totalmente desprovisto de medios, donde ni siquiera había luz eléctrica.

Providencial el espléndido informe de Nicotra, reconociendo la curación como inexplicable para la ciencia médica.

Providencial que Maria de los Ángeles González, nuestra coordinadora general, hablase con la superiora general de las combonianas y que esta autorizase a María para ir al Congo y ser la médico del tribunal.

Providencial que Sacramento Villalón llegase a declarar como testigo…

Todo esto sobrepasaba lo que nosotras podíamos hacer. Era el resultado de circunstancias encadenadas entre sí que nos íbamos encontrando por el camino. Una lectura de fe nos habla de la presencia de un Dios providente y cercano…

 

La investigación diocesana de la curación de Bavon se celebró en Lubumbashi del 31 de octubre al 4 de diciembre de 2007. Rápidamente obtuvimos el decreto de validez, lo que permitió preparar la Posito a lo largo de 2008. La entregamos en la Congregación de los santos el 19 de febrero de 2009.

 

Y aquí comienza lo verdaderamente excepcional en cuanto a la duración, lo que explica la inusual brevedad en una causa de milagro que discurría por los cauces normales, porque el 23 de abril habían llegado ya a la Congregación de los santos los votos de los dos peritos médicos. Los dos eran positivos. Lo menos que suelen tardar en dar este voto es año y medio, o dos años, o incluso más; con mucha suerte, uno. En nuestro caso habían transcurrido solamente dos meses. Y habiéndome dicho el encargado de la Congregación de santos que la Consulta Médica sería en octubre, sin embargo, se anticipó al 2 de julio... Una rapidez fuera de lo común. El cuidado amoroso de Dios nos seguía acompañando.

 

El paso siguiente ya estaba dentro de lo normal: Congreso de teólogos el 30 de octubre de 2009.

 

En el calendario de la Congregación de los santos estaba previsto que nuestro caso pasase a cardenales y obispos a primeros de diciembre, para tener el decreto de milagro en torno a la Navidad y el Consistorio en febrero del año siguiente, con lo que la canonización caería en octubre de 2010. Pero teníamos ya señalada la fecha del capítulo general para abril de 2011 y el equipo general prefirió que la canonización fuese después, por eso pedimos que se retrasase la Ordinaria de cardenales. Se celebró el 16 de marzo de 2010. Le siguió a los pocos días, 27 de marzo, el decreto de milagro. Y el 21 de febrero de 2011, en el Consistorio ordinario público, el papa Benedicto XVI anunciaba la fecha de canonización.

 

 

Sobre todo por habernos reunido aquí

para serviros santamente.

 

23 de octubre de 2011, día de la Jornada Misionera Mundial

Conscientes de que todo era un regalo a nuestra fundadora y a la Congregación, celebramos la canonización con el corazón íntimamente reconocido por tanta gracia, por tanta alegría, por la victoria definitiva de nuestra fundadora llegada tan fuera de nuestras previsiones, de nuestras fuerzas, de nuestro trabajo. A todas luces era porque “de vosotros desciende todo el bien que tenemos”…

 

Con esta actitud escuchamos en la Plaza de san Pedro la homilía del papa y sus palabras antes del Angelus:

 

“Saludo en particular a las Siervas de San José, que tienen el gran gozo de ver reconocida para la Iglesia universal la santidad de su Fundadora”.

 

No sé si habrá modo de expresar lo que sentimos las Siervas de san José al escucharlas, unas directamente en la Plaza de san Pedro y otras a través de los MCS. Sencillamente “el Señor estaba grande con nosotras y estábamos alegres”.

 

“¡Mas cuántas imperfeccione hemos cometido!”

 

Post-canonización

El Señor sigue estando grande con Bonifacia y con nosotras después de la canonización. Lo estamos experimentando. Estamos viendo el cariño y admiración que despierta en todas partes su vida evangélica, hasta ahora tan escondida. Aunque las Siervas de san José seamos las destinatarias directas, “la luz no se enciende para ponerla debajo de un celemín, sino sobre el candelero para que alumbre a todos los de la casa”, a todos los hijos e hijas de Dios. Son palabras de Jesús. Y es nuestra responsabilidad. No se acabó todo con la canonización: en realidad es ahora cuando todo comienza. Ahora, cuando se está despertando en la sociedad y en la Iglesia un interés creciente por su vida y por su misión, ahora, darlas a conocer se convierte en una dimensión indispensable de nuestro quehacer apostólico, de nuestra misión evangelizadora.

 

Nuestra fundadora es una santa de primera magnitud, nos lo han dicho en la Congregación de los santos. Está llamada a tener en la vida de la Iglesia un aporte específico y muy significativo por su extraordinaria fidelidad al evangelio, vivido en lo cotidiano. Esto la hace querida y cercana.

 

El trabajo de taller continúa. El tapiz está esperando las manos de cada Sierva de san José para que demos otras puntadas, nuevas puntadas, las puntadas que dibujen el nuevo rostro y la misión profética de nuestra fundadora, reconocida testigo de la fe. Cada una daremos las puntadas que podamos, como hasta ahora. Sabemos que nos acompaña otra mano, la del Maestro de Taller san José, como hasta ahora.

 

Las daremos, como hasta ahora, mano a mano con él. Así lo desean Francisco y Bonifacia, que nos enseñan a trabajar juntas en el taller bajo la mirada de José, María y Jesús. Y como, quizá, no hemos sido del todo fieles en el seguimiento de nuestra fundadora y en darla a conocer a otras personas con diligencia, lo reconocemos, y les decimos:

 

“Ya nos pesa de nuestra ingratitud

y la sentimos porque os desagrada.

Perdonadnos y dadnos gracia

para crecer en virtud

todos los momentos de nuestra vida. Amén”.

 

Victoria López Luaces, ssj

Madrid, 9 de noviembre de 2012